SI ME TRATAS CON RESPETO, APRENDERÉ A RESPETAR

Hoy toca hablar de respeto, y sobre todo, del respeto con el que tratamos a nuestros hijos. Si observamos un poco a nuestro alrededor, podemos sacar algunas conclusiones que, la verdad, no me gustan nada. Así que en este nuevo post, vamos a tratar sobre la importancia de todo esto.

Desde hace un tiempo venimos reflexionando sobre la Educación en Valores que le estamos ofreciendo a nuestra infancia. Hemos pasado de tener unos valores que provenían fundamentalmente por las creencias religiosas, a practicamente no transmitir ni inculcar algunos valores básicos a los niños.

Como comentaba en la entrevista que nos hicieron en #LaRevista de Madresfera, creo que esto ha generado un problema importante en la manera de interrelacionarnos unos con otros: hay una falta de respeto entre las personas, con el medio ambiente, con el entorno, en el ámbito educativo, etc… Y esto, debería empezar a preocuparnos, pero también a ocuparnos! Es el momento de tomar las riendas, de dejar de lado viejas prácticas y de poner a los niños en el centro, para darles la importancia que realmente tienen, y tratarlos como se merence: con calma, con educación, con respeto, sin gritos, ni castigos, ni chantajes…

Lo primero que tenemos que hacer como adultos, es dar ejemplo. Con esto somos muy repetitivos, pero es que es la técnica educativa con más éxito! 🙂 Es decir, nuestros hijos, deben ver como nosotros tratamos a los demás con respeto. Pero no sólo hay que tratar a los demás así, lo más importante es trasladar ese respeto a casa, al ámbito familiar.

Los valores y principios se enseñan en casa

Pero, ¿cómo podemos transmitir valores y principios a nuestros hijos? Con herramientas y recursos cotidianos que están a nuestro alcance es más sencillo de lo que imaginamos. A continuación os describimos algunos de ellos:

Con el juego

Si observamos a nuestros hijos mientras juegan, podemos ver cómo interactúan, por ejemplo, con el diálogo que establecen entre dos muñecos. Con esta observación inicial, vemos expresiones, maneras, y participar en el juego, para poner buenos ejemplos de diálogos respetuosos.

Hace poco estábamos viendo un canal de youtube de vídeos para niños que nos sorprendió muchísmo.  Dos niños jugaban con los muñecos de Peppa Pig, en un entorno de un aula, con la maestra, y otros alumnos. Y especialmente me llamó la atención la manera en la que  reproducián el papel de la maestra: a gritos, riñendo constantemente, si dejar que los alumnos intereactuaran… No sé si la tónica de este canal es así en general, pero en casa ya no lo hemos puesto más. Esa normalidad que se le da a ciertos comportamientos, no me gusta nada.

Lo mismo ocurre con los comportamientos y tipos de juego que se observan en el parque. Uf! el parque… otro día hablaremos sobre ello!! 😉

CON CUENTOS

Los cuentos son grandes aliados para trasladar conocimientos y enseñar valores. Y el mercado, afortunadamente, está lleno de títulos que nos ayudan a transmitirlos. Puedes encontrar una selección interesante realizada por Educapeques en este link. O la selección realizada por  Club Peque Lectores en este otro link.

PRACTICANDO UNA COMUNICACIÓN POSITIVA EN CASA

Y como base, teniendo y practicando una comunicación respetuosa y positiva en el entorno familiar. Un comunicación en la que tengan en cuenta las opiniones de todos los miembros, en la que se dialogue con calma y se tomen decisiones consensuadas.


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Si me ayudas con mis conflictos, tendré menos frustraciones

Desde pequeños, nuestros hijos empiezan a tener conflictos, y en función de cómo reaccionemos nosotros como adultos, de la manera que tengamos de ejercer como padres, y del acompañamiento o no que hagamos en cada uno de ellos, estaremos influyendo en la manera que tendrán ellos de enfrentarse a determinadas situaciones. En este post, os daremos algunas pistas de cómo ayudarles a resolver esos conflictos desde un punto de vista positivo.

Siguiendo con nuestra serie de post #RETOHáblameBonito, llegamos al punto los conflictos, y sobre todo, a la manera en la que vamos a enseñar a nuestros hijos a resolverlos de una forma positiva y constructiva. En nuestro día a día con los niños, se producen situaciones cotidianas a partir de las cuales podemos ir “entrenando al peque” en la resolución de conflictos, puesto que cualquier cosa, la que menos nos esperemos, puede convertirse en una situación complicada. Y nuestra misión como padres y madres, es acompañar en ese camino del aprendizaje, para que poco a poco vayan adquiriendo las habilidades necesarias que le permitan salir bien de esa situación, sin que se produzca frustración.

Para ello, vamos a tener en cuenta los pilares fundamentales, basados en la Disciplina Positiva, talque se muestran a continuación:

El hecho de no aprender a gestionar conflictos, puede provocar en un futuro bastantes frustraciones. Ya en este otro post (10 Tips para acompañar las frustraciones), nos adentrábamos en  conocer un poco más que son estas emociones y cómo podemos ayudar y acompañar ese sentimiento para conseguir el resultado idóneo. Las frustraciones empiezan a salir desde bien temprano, de muchas maneras y en función de la etapa en la que se encuentro el niño.  Por ello, guiar a nuestros hijos resulta fundamental para su  desarrollo como personas, y en felicidad.


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SI ME ESCUCHAS, ENTENDERÁS QUÉ ME PASA

Dentro del #RETOHáblameBonito le dabos un papel relevante a la Escucha Activa. Y es que no siempre ponemos todos los sentidos a disposición de nuestros hijos E HIJAS cuando nos están contando algo que para ellos es importante.

La escucha activa es uno de los métodos primordiales para una comunicación respetuosa. A todos nos gusta ser escuchados, que atiendan a nuestros argumentos, incluso que nos den consejos si los necesitamos. Con los peques ocurre lo mismo exactamente,  y si en el ámbito familiar promovemos este tipo de comunicación, estaremos promoviendo los siguientes efectos positivos:

  • Escuchar otorga importancia al argumento.  Para el niño, cualquier cosa que le haya pasado durante el día, seguramente será lo más importante, y puede generarle multitud de emociones, desde la tristeza hasta la alegria. Y nosotros, como adultos, como padres, tenemos que darle su lugar, su espacio, interesarnos por los detalles e incluso ayudarles y acompañarles hacia una buena resolución de las distintas situaciones.
  • Escuchar da confianza, y por tanto, promueve la sinceridad en la familia. Transmitiremos que pueden contar con nosotros para ayudarles a resolver sus conflictos o dudas, siempre, sin condiciones.
  • Escuchar genera un efecto tranquilizador en el niño. Si el peque se siente escuchado, lo notará automáticamente y poco a poco, irá relejándose en su argumentación.

Estas tres ventajas ya de por sí, son un gran argumento para empezar a poner en práctica la escucha activa, ¿o no?. Ya estamos seguros de los beneficios que supone la escucha activa con los niños. Ahora seguramente las dudas nos asaltarán en dos sentidos:

¿cuándo SE RECOMIENDA INICIAR LA ESCUCHA ACTIVA?

La respuesta a la primera cuestión, es sencilla, el momento de poner en práctica la escucha activa es desde SIEMPRE, adaptándonos a cada etapa, a cada momento por el que esté pasando el peque. Lógicamente esa escucha activa implica  a su vez un análisis por nuestra parte, a través del cual podremos ir ofreciendo o facilitando alternativas, soluciones, opciones. En este análisis, juega un papel esencial el conocimiento del cerebro del niño, del que tanto se está escribiendo actualmente, y que ciertamente nos ayuda a entender muchas cosas que anteriormente no nos habíamos cuestionado, o las que no encontrábamos respuesta. Sobre estos aspectos adelántabamos en este post algunas claves.

Si esto ocurre así, cuando lleguen otras etapas más complejas, tendremos en casa, por un ejemplo, un adolescente que confía en su familia, que encuentra apoyo en ella y a la que le puede contar lo que necesite para buscar soluciones y alternativas.

¿cómo PODEMOS LLEVARLO a la práctica?.

Existen técnicas concretas, tales como: el refuerzo positivo, asentir con la cabeza, el efecto espejo o el silencio, que os detallamos más detenidamente en este post.

Pero sobre todo, lo más importante, es que cuando nuestro hijo o hija vaya a contarnos algo, tenemos que dejar lo que estemos haciendo en ese momento, buscar su mirada y prestarle  atención. Ojo! no vale estar mirando el móvil o la tablet, continuar cocinando, planchando o recogiendo cosas… Toda la atención centrada en ese momento!!!


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CON EL CASTIGO NO ME ENSEÑAS A HACERLO MEJOR

El castigo a los niños es otra de las herramientas asentadas en nuestra sociedad. Utilizada en todos los ámbitos, y camuflada en la actualidad por los premios, recompensas o la silla de pensar. En este post de la serie #RETOHáblameBonito vamos a ver qué consecuencias tiene el uso del castigo, así como algunas  alternativas a esta técnica mucho más respetuosas y positivas.

Ya son muchos los estudios que prueban que el uso del castigo (hablamos del psicológico, porque el físico es ilegal) en la educación de los niños más que efectos positivos, tiene importantes consecuencias psicológicas. Por lo que como padres y madres debemos tener en cuenta dichas consecuencias, ser conscientes de ellas, y buscar alternativas que permitan un desarrollo óptimo de nuestros hijos.

En el blog Paternidad con Apego, podéis ver  una descripción muy buena de cuáles son las consecuencias negativas del uso del castigo, tanto para los niños, como para los padres. Y nosotros , en este post, ya os planteábamos sobre qué queremos realmente para nuestros hijos: que sean obedientes y sumisos o responsables y respetuosos con las normas? Teniendo en cuenta y conociendo a fondo qué provoca el castigo, tenemos argumentos suficientes como para no usarlos en la educación que les estemos ofreciendo.

El uso de un lenguaje violento, además, solo promueve en los más pequeños miedo. Por tanto, podemos afirmar que el castigo no es ni educativo ni pedagógico, puesto que lo único que aprende el niño son herramientas para evitarlo, pero no le permite entender y asimilar el por qué de las cosas. Y mucho menos, a desarrollar esa motivación intrínseca para hacer las cosas.

El castigo da resultados momentáneos, es automática la reacción, y aporta autoridad al adulto. Pero el niño se siente humillado, sin explicación lógica, y su reacción es de mayor rabia aún, puesto que no está siendo acompañado y entendido. Además, estaremos enseñándole a reprimir sus emociones, puesto que en ningún momento le damos opción a argumentar. Dialogar no significa darle la razón, significa escuchar y permitir que expongan sus motivos, sus pensamientos, y nosotros como adultos, hacerles ver que lo que ha pasado no  puede ser, con la explicación lógica oportuna.

Con estas técnicas sólo conseguiremos que nuestros hijos actuén desde el temor de recibir esa consecuencia que viene asociada a una acción no permitida; incluso a hacer esa actuación, pero cerciorándose de que el adulto, en ese momento, no lo está viendo. Por lo que automáticamente el niño está también aprendiendo a mentir y a no actuar desde la naturalidad e inocencia.

Sólo a través de la comprensión, la empatía y la escucha activa podemos conseguir resultados satisfactorios a largo plazo para el desarrollo de nuestros hijos. Y aunque muchos sigan pensando que el gritar, amenazar o chantajear, son buenas herramientas, nosotros pensamos y defendemos ante todo el amor incondicional, tal y como os comentábamos en este otro post.

Existen muchas opciones para no aplicar el castigo, que podemos practicar en el día a día con nuestros hijos. En un post anterior, os dejamos algunas alternativas, y en este post las complementamos con estos otros ejemplos:

1. OFRECE ALTERNATIVAS

Dale soluciones o alternativas a tus hijos, y cuando ya son un poco mayores, ayúdales a que ellos mismos encuentren la solución. Caso práctico: si ves que empieza a surgir un concflicto entre los hermanos por un juguete, anímales a buscar una solución adecuada para ambos. Ponle algunos ejemplos si hace falta y deja que entre ellos decidan cuál es la mejor de las opciones para continuar el juego.

2. TRABAJA LAS EMOCIONES

Reconoce y acepta los sentimientos que se estén produciendo en el niño. Respetándolo, nombrando la emoción y acompañando. Caso práctico: si el peque le ha pegado a otro niño, coméntale que puede enfadarse, pero no pegar, y enséñale a mostrar su enfado de manera que no agreda a nadie.

3. Actúa como ejemplo

El ejemplo es una de las mejores herramientas para educar a nuestros hijos. Caso práctico: si quieres que recoja su habitación, ofrécele tu ayuda y empieza a hacerlo tú. Anímale a darte los juguetes, y poco a poco, que él mismo vaya guardándolos en su sitio.

4. FOMENTA LA ELECCIÓN

En lugar de estar todo el tiempo dándole órdenes (que es muy habitual en nuestro lenguaje con los más pequeños), ofrécele opciones para elegir. Caso práctico: en casa suele ser crítico el momento de la ducha. Y ya tenemos más que comprobado que tenemos que negociar. En situaciones similares puedes decir: ¿Quieres ducharte ahora o después de jugar un rato?, y deja de utilizar frases tales como “A la ducha inmediatamente”…

5. CONSECUENCIAS

Como sabéis, existen dos tipos de consencuencias, las naturales y las artificiales. si dejamos que las consecuencias naturales fluyan, ellos por sí solos se irán dando cuenta de que si no hacen algo, luego tendrá una consecuencia. Caso práctico: el peque no quiere ponerse el abrigo y en la calle hace muchísimo frío. Lo mejor es no entrar en esa lucha de poder,  déjalo salir como quiere, para que automáticamente se dé cuenta de que tiene que abrigarse. Otro ejemplo podría ser el del momento de dormir. Si se duerme tarde, al día siguiente tendrá sueño, verdad? Así, poco a poco, irá aprendiendo que tiene que irse a la cama antes.

Hay muchas más, casi todas responden al sentido común. Si nos paramos a pensar antes de actuar, incluso si reflexionamos sobre cómo nos hemos comportado ante distintas situaciones, llegaremos a la conclusión de que hay otras opciones para continuar aplicando la disciplina y comunicación positiva con los niños.

No olvides que puedes compartir tus experiencias en las redes sociales utilizando el hagstag #RETOHáblameBonito !!


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Si me chantajeas, aprenderé a hacerlo yo también

Desde que empezamos esta serie de post bajo el lema #RETOHáblameBonito, estamos poniendo “encima de la mesa” frases cotidianas que se suelen decir a los niños de manera constante. y hoy, en este post queremos hablaros de algunas de ellas que llevan implícitas el chantaje.

Seguramente os suene fuerte la palabra chantaje, y más aún si la relacionamos con la educación de los niños, pero os aseguro que está presente más de lo que nos podamos imaginar en nuestro lenguaje, y en la manera de comunicarnos con ellos. ¿Cuántas veces hemos usado alguna de estas frases?

  • “Si no comes, no bajas al parque”
  • “Si no recoges tu habitación, no te voy a querer”
  • “Ponte al teléfono con los abuelos, o se van a poner muy tristes”
  • “Como sigas portándote así, se lo voy a decir a la seño”
  • “Si no me compras ese juguete, no te hablaré más”

Recurrimos a ellas con frecuencia, verdad? Pues ha llegado el momento de corregir también esto, y continuar construyendo nuestro camino para Hablar Bonito y desde la Calma a nuestros hijos en particular, y a los niños en general.  Y sobre todo, debemos hacerlo, porque al igual que si educamos con gritos o bajo el miedo, provocamos una serie de consecuencias que no deseamos para ellos.

Educar a base de chantajes provoca inseguridad, miedo, inmadurez, dependencia emocional e inestabilidad

Pero ¿cómo podemos “corregir nuestro lenguaje” para eliminar esas frases a las que tan acostumbrados estamos? Para conseguirlo, debemos afianzar algunas de estas premisas en nuestro día a día:

  1. Que nuestro amor incondional, como padres, es incondicional, independientemente de la conducta que tengan (que tendremos que corregir a través del acompañamiento). Es decir, independientemente de la acción o conducta que tenga el pequeño, él siempre debe sentir nuestro apoyo, que estamos ahí para ayudarle. No podemos establecer una relación directa entre amor y conducta, puesto que son cosas totalmente distintas. O quizás queremos menos a nuestros hijos cuando tienen una rabieta? No! verdad?, pues no le hagamos pensar que eso puede ser así, acompañemos el sentimiento en concreto que está teniendo lugar, y desde ahí, desde la conexión que hagamos con él, intentemos buscar soluciones conjuntas.
  2. Tenemos que ser ejemplo. No vale decir una cosa y hacer justamente lo contrario, puesto que al igual que con cualquier otro tema, el chantaje se aprende. Si no queremos que nuestros hijos nos hagan chantaje emocional, por favor, no se lo hagamos a ellos.
  3. También es importante evitar la sobreprotección. Los niños deben expresar sus emociones, las positivas y las negativas. Y nosotros, tenemos que estar a su lado para que aprendan a gestionarlas de manera adecuada. Lógicamente queremos nuestros hijos sean felices, ese es nuestro objetivo como padres. Pero la felicidad de ellos no se consigue cumpliendo todos sus deseos. Habrá ocasiones en que esos deseos no sean beneficiosos, o simplemente, vayan en contra de las normas que previamente habíamos establecido con ellos. Por ejemplo: es muy típico que nos pidan chuches, juguetes o estampas y cromos, casi a diario. Pero en casa tenemos unas normas, que además, hemos acordado con ellos. “Entre semana no se comen chuches”, “Sólo compraremos juguetes en ocasiones especiales”… Así que si se produce una petición al respecto, que imcumple alguna norma, y decimos que NO, debemos mantenernos en esa postura. Y no se trata de hacer una “lucha” con el peque, si no de hacerle entender que hay unas normas que tenemos que respetar y cumplir. Y sobre todo, porque llenarlos de regalos y comprarles todo lo que desean no logrará que sean más felices.
  4. Utilizar una comunicación positiva, manteniendo el diálogo según el nivel y la etapa en la que se encuentren, adaptándonos a su pensamiento, e intentando hacerles comprender la situación concreta y sus consecuencias. Para ello, como hemos comentado en numerosas ocasiones, la empatía juega un papel fundamental.

Es cierto que no es fácil desprenderse de todo lo que durante años hemos ido “viviendo” durante toda nuestra vida, pero tenemos que simplificar  y ponerle un poco de sentido común a nuestra manera de actuar con los niños. Por ello, termino con un texto de Carles Capdevilla, al que admiro y sigo en todo lo que hace, extraída de un post de Gestionando Hijos:

“Padres y madres tenemos que decirnos cosas bonitas a nosotros mismos en lugar de contarnos lo mal que lo pasamos. la educación de mis hijos es lo más trascendente que haré para la Humanidad y hay que hacerlo divirtiéndose y para eso necesitas la distancia que te da la ironía, tomártelo muy en serio pero reírte de tus fracasos. Por eso resalta que educar cada día es más difícil, pero no imposible, y si lo hacemos con sentido del humor a lo mejor nos sale bien”.

 

Si me educas desde el miedo, tendré muchas inseguridades

Esta semana seguimos con nuestro #RETOHáblameBonito, descartando mitos arragaidos en la educación de los más pequeños de la casa, que en lugar de desarrollar y fortalecer su personalidad, la van mermando. Y en este post, nos toca hablar del MIEDO.

“Vente para acá, que va a venir un hombre y  te va a coger”; “Si no te duchas, nadie se va a acercar a ti”; “Ponte los zapatos que te van a comer las hormigas”; “Me va a dar algo por tu culpa”…

Os suenan? Verdad que sí?? Muchas son las ocasiones en las que en lugar de recurrir a la argumentación lógica y los motivos reales, utilizamos estas frases puesto que nos ofrecen un resultado inmediato. Pero ese resultado, no es nada beneficioso para nuestros hijos, porque en lugar de promover aspectos positivos para el correcto desarrollo de los niños, fomenta aquello que, si nos paramos a pensar, no desearíamos que se produjera.

Conocer las consecuencias de estos comentarios, nos ayudarán a continuar avanzando en nuestro proceso de cambio como padres y madres:

  • Mermamos su libertad: si constantemente estamos transmitiéndole al niño un lenguaje en el que lleve implícita la sensación de miedo, no dejaremos que se expresen y que actúen de manera libre. Lógicamente, como adultos, tenemos que estar pendientes e intervenir cuando la situación puede provocar algún daño. Pero lo que no podemos hacer es estar siempre con el “ay” en el cuerpo. Los niños se tienen que caer, tienen que experimentar, tienen que equivocarse para que así, puedan ir construyendo su personalidad.
  • No reforzamos  su autonomía: esta forma de educar, provoca una total dependencia del niño sobre el adulto, puesto que es éste último  el que aprueba o desaprueba cada una de sus acciones. Por tanto, no estamos fomentando el desarrollo de la autonomía del pequeño, si no más bien lo contrario.
  • No fomentamos su autoestima: la falta de autonomía, lleva asociada una falta de seguridad en sí mismo del niño, y por tanto, una baja autoestima.
  • Genera desconfianza: el constante estado de alerta y tensión, genera a su vez, una gran desconfianza  en el niño.

Sabiendo ya qué aspectos se refuerzan si elegimos una educación para nuestros hijos basada en el miedo y en los gritos, es el momento de empezar a utilizar otras herramientas que permitan hacer de ellos personas seguras de sí mismas, motivadas, fuertes, capaces de dialogar y respetar a los demás. La naturalidad y lógica que nos aporta la Comunicación positiva, hacen posible otra manera de educar, llena de beneficios y ventajas para el buen desarrollo que queremos, como padres y madres, para los niños.


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Si me gritas, más que respeto te tendré miedo

Imagina, por un momento, que en tu trabajo, estás constantemente recibiendo gritos por parte de tus compañeros o de tu jefe. ¿Qué sentirías? ¿Cómo actuarías? Seguramente tendrías dos salidas: explotar o actuar con miedo… Pues de esto te hablo en este nuevo post.

Es bastante frecuente gritarle a los niños. Estamos más que acostumbrados a verlo en todos los lugares: en el colegio, en el parque, en casa, en las actividades… Pero que sea algo extendido no significa que sea lo correcto. ¿Por qué hemos llegado a eso? Sencillamente creo que por falta de formación y por la inercia de pensar que es la única manera que tenemos para conseguir que nos “obezcan”. Pero si profundizamos un poco (y sólo pido un poco), en las principales consecuencias que tienen los hijos para nuestros hijos, quizás nuestra actitud hacia ellos pueda empezar a cambiar.

Hay más opciones de educación, hay otras maneras de hacer las cosas, y aunque sea una tarea complicada (por la negativa constante que nos vamos encontrando), se puede educar sin gritos y con calma. No es fácil, pero podemos lograrlo si somos conscientes de que el cambio debe empezar en nosotros mismos, en los adultos. ¿O quizás nuestros hijos deben pagar nuestro estrés, nuestro cansancio, nuestra falta de paciencia y tiempo? Sinceramente creo que no, que ellos no deben ser los que reciban esa parte de lo que nos supone nuestra vida adulta. Y las razones principales por las que debemos cambiar son las que a continuación os cuento:

  1. Los gritos merman la autoestima: pensad de nuevo en el ejemplo que os ponía al principio. ¿Cómo estaríamos en el trabajo si sólo recibiríamos gritos? ¿O si cuando nos equivocamos nos gritan y nos insultan? Posiblemente nuestra confianza iría poco a poco desapareciendo, precisamente por esa situación de estrés, verdad? Pues con los niños ocurre lo mismo, si les gritamos cada vez que nos parezca que algo no lo han hecho bien, tendrán miedo, y ese miedo influirá directamente en su personalidad, y por supuesto, en su autoestima.
  2. Los gritos, cuando son frecuentes, dejan de oirse. Es decir, si los niños se acostumbran a un ambiente lleno de gritos, llegará un momento en que dejen se escucharlos, es decir, se volverán sordos. Y llegados a este punto, cuando nuestros gritos no capten la atención del niño, qué haremos??? Cuál sería la siguiente técnica?? Gritar más y más?? No creo que esa sea la base de una buena comunicación familiar…
  3. Los gritos no generan confianza, alejan: si nuestro objetivo es crear un ambiente de confianza y respeto en el hogar, gritar no es lo más adecuado. El grito aleja a las personas, no forja confianza alguna y genera tensión.
  4. Los gritos no permiten la expresión de las emociones: si en lugar de ponernos en el lugar del peque, intentar entenderlo y acompañarle, le gritamos, no estaremos contribuyendo a buen desarrollo emocional. El propio miedo del que antes hablábamos no dejará salir otro tipo de sentimientos, y cuando salgan, será en modo odio e ira.
  5. Si gritamos, ellos gritarán. Somos sus modelos y tenemos que actuar dándoles ejemplo, y no todo lo contrario. Si lo hacemos, estaremos contribuyendo a que ellos lo hagan en otros entornos o con nosotros mismos, perdiendo así el buen clima familiar que todos deseamos.
Los gritos tienen las mismas consecuencias que la violencia física

Por estas 5 razones, los adultos debemos dejar de gritar desde YA. Pero ¿cómo podemos lograrlo?

  • El primer paso para ello, es el AUTOCONTROL como os comentábamos aquí con estas Técnicas específicas.
  • También es fundamental trabajar la EMPATÍA. Los niños son niños, y la mayoría de veces, los adultos nos enfadamos por cosas que realmente no tienen importancia. Hagamos un análisis de esto, y establezcamos prioridades que se basen en la buena relación de la familia y en la comunicación positiva.
  • Busquemos alternativas al castigo, que las hay, y realmente son efectivas.
  • Y si nos equivocamos, pidamos perdón a nuestros hijos. Si lo practicamos, ellos también nos pedirán perdón cuando no actúen de  manera correcta.

Este el primer post de la serie Háblama desde la calma y con palabras bonitas que os comentaba la semana pasada, y que nos gustaría que compartiéseis en vuestros perfiles sociales para contribuir a una mejor educación. Si os ha gustado, COMPARTID! COMPARTID! COMPARTID! con el hagstag  #RETOHáblameBonito.


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