Si me chantajeas, aprenderé a hacerlo yo también

Desde que empezamos esta serie de post bajo el lema #RETOHáblameBonito, estamos poniendo “encima de la mesa” frases cotidianas que se suelen decir a los niños de manera constante. y hoy, en este post queremos hablaros de algunas de ellas que llevan implícitas el chantaje.

Seguramente os suene fuerte la palabra chantaje, y más aún si la relacionamos con la educación de los niños, pero os aseguro que está presente más de lo que nos podamos imaginar en nuestro lenguaje, y en la manera de comunicarnos con ellos. ¿Cuántas veces hemos usado alguna de estas frases?

  • “Si no comes, no bajas al parque”
  • “Si no recoges tu habitación, no te voy a querer”
  • “Ponte al teléfono con los abuelos, o se van a poner muy tristes”
  • “Como sigas portándote así, se lo voy a decir a la seño”
  • “Si no me compras ese juguete, no te hablaré más”

Recurrimos a ellas con frecuencia, verdad? Pues ha llegado el momento de corregir también esto, y continuar construyendo nuestro camino para Hablar Bonito y desde la Calma a nuestros hijos en particular, y a los niños en general.  Y sobre todo, debemos hacerlo, porque al igual que si educamos con gritos o bajo el miedo, provocamos una serie de consecuencias que no deseamos para ellos.

Educar a base de chantajes provoca inseguridad, miedo, inmadurez, dependencia emocional e inestabilidad

Pero ¿cómo podemos “corregir nuestro lenguaje” para eliminar esas frases a las que tan acostumbrados estamos? Para conseguirlo, debemos afianzar algunas de estas premisas en nuestro día a día:

  1. Que nuestro amor incondional, como padres, es incondicional, independientemente de la conducta que tengan (que tendremos que corregir a través del acompañamiento). Es decir, independientemente de la acción o conducta que tenga el pequeño, él siempre debe sentir nuestro apoyo, que estamos ahí para ayudarle. No podemos establecer una relación directa entre amor y conducta, puesto que son cosas totalmente distintas. O quizás queremos menos a nuestros hijos cuando tienen una rabieta? No! verdad?, pues no le hagamos pensar que eso puede ser así, acompañemos el sentimiento en concreto que está teniendo lugar, y desde ahí, desde la conexión que hagamos con él, intentemos buscar soluciones conjuntas.
  2. Tenemos que ser ejemplo. No vale decir una cosa y hacer justamente lo contrario, puesto que al igual que con cualquier otro tema, el chantaje se aprende. Si no queremos que nuestros hijos nos hagan chantaje emocional, por favor, no se lo hagamos a ellos.
  3. También es importante evitar la sobreprotección. Los niños deben expresar sus emociones, las positivas y las negativas. Y nosotros, tenemos que estar a su lado para que aprendan a gestionarlas de manera adecuada. Lógicamente queremos nuestros hijos sean felices, ese es nuestro objetivo como padres. Pero la felicidad de ellos no se consigue cumpliendo todos sus deseos. Habrá ocasiones en que esos deseos no sean beneficiosos, o simplemente, vayan en contra de las normas que previamente habíamos establecido con ellos. Por ejemplo: es muy típico que nos pidan chuches, juguetes o estampas y cromos, casi a diario. Pero en casa tenemos unas normas, que además, hemos acordado con ellos. “Entre semana no se comen chuches”, “Sólo compraremos juguetes en ocasiones especiales”… Así que si se produce una petición al respecto, que imcumple alguna norma, y decimos que NO, debemos mantenernos en esa postura. Y no se trata de hacer una “lucha” con el peque, si no de hacerle entender que hay unas normas que tenemos que respetar y cumplir. Y sobre todo, porque llenarlos de regalos y comprarles todo lo que desean no logrará que sean más felices.
  4. Utilizar una comunicación positiva, manteniendo el diálogo según el nivel y la etapa en la que se encuentren, adaptándonos a su pensamiento, e intentando hacerles comprender la situación concreta y sus consecuencias. Para ello, como hemos comentado en numerosas ocasiones, la empatía juega un papel fundamental.

Es cierto que no es fácil desprenderse de todo lo que durante años hemos ido “viviendo” durante toda nuestra vida, pero tenemos que simplificar  y ponerle un poco de sentido común a nuestra manera de actuar con los niños. Por ello, termino con un texto de Carles Capdevilla, al que admiro y sigo en todo lo que hace, extraída de un post de Gestionando Hijos:

“Padres y madres tenemos que decirnos cosas bonitas a nosotros mismos en lugar de contarnos lo mal que lo pasamos. la educación de mis hijos es lo más trascendente que haré para la Humanidad y hay que hacerlo divirtiéndose y para eso necesitas la distancia que te da la ironía, tomártelo muy en serio pero reírte de tus fracasos. Por eso resalta que educar cada día es más difícil, pero no imposible, y si lo hacemos con sentido del humor a lo mejor nos sale bien”.

 

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